jueves, abril 27, 2006

Obsesión matutina 2

Sigo entrando a tu blog, sigo entrando en espera de encontrar algo nuevo, un nuevo post que me diga qué video viste o en qué pasaste dos horas de tu vida. El último anuncia que estuviste dos horas con el click permanente sobre un botón sólo para saber cuánto tiempo podías mantenerte así. Más de dos horas, yo duré 17 segundos y no creí en tu marca.
Me pasa que a veces te escribo algún mensaje como pensando en que lo recibirás, lo hacemos esperando que te lleguen esos pensamientos, que te lleguen nuestros recuerdos de ti, pero ahora me seinto triste.
Me siento triste porque no puedo hacerlo más. En el tagboard de tu blog quedan dos mensajes tuyos, en el primero le aclaras a Esquizzo que tú citas según APA y el segundo, en que respondes con indignación a mi incredulidad sobre tu último post. Leer esos mensajes no se iguala nunca a escuchar tu voz, pero me aferro a ellos como una forma de presencia, como me aferro a tu último mensajito en mi celular.
Quisiera seguir dejandote mensajitos en el tagboard pero el próximo borrará el penúltimo y si continuo(amos), perderemos tus últimas palabras escritas por ti en ese espacio que construiste, donde aún te puedo visitar.

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